El día que más y más seres humanos despertemos del largo sueño de la ceguera y la ignorancia espiritual, finalmente recordaremos que somos esencialmente es el Alma. Y no el cuerpo, ni el mundo de los sentidos y de las experiencias transitorias. Entonces, y sólo entonces, recuperaremos la gloria y el esplendor de nuestro inherente poder divino.
Luego de ello, eventualmente con esfuerzo, disciplina y determinación, podremos llegar a establecernos y unificarnos en la verdadera naturaleza interior, vale decir el Alma o Luz Divina Interior.
En la medida en que aumentamos nuestra Luz Interior, el camino se hace más bello, mágico y gratificante. Y sin lugar a dudas, si hacemos nuestra parte, el cielo hará la suya, colmándonos de bendiciones y generando la apertura de nuevas puertas, opciones y oportunidades; las que de modo natural facilitarán el avance y el progreso hacia el logro de nuestros objetivos y metas mas trascendentes.
Si damos unos cuantos pasos hacia la Divinidad, ella dará cientos hacia nosotros. Eso está asegurado, ya que entre sus diferentes y cruciales roles, siempre está la de apoyar y bendecir a todas aquellas almas que se sintonizan y armonizan con su propio Plan Divino.
~ Águila Blanca ~