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~ Leyenda Iroquesa del Arbol de la Paz  ~
 
 
En la tradición de los pueblos iroqueses se encuentra la bella narración de la leyenda del Arbol de la Paz. Dicha narración cuenta en forma poética y simbólica, los hechos que ocurrieron en tiempos de la formación de la confederación de la liga de las naciones iroquesas. Sucesos que ocurrieron probablemente unos 3 o 4 siglos antes de la llegada de los europeos a América; aunque invariablemente las leyendas y los mitos de los pueblos antiguos, necesariamente hay que entenderlos mas allá de las fechas históricas, y siempre en forma alegórica.
 
 Según cuenta la leyenda, el mismo Gran Espíritu descendió desde las alturas del mundo de las estrellas, encarnando en la forma física de Deganawida, también llamado el gran pacificador, quien se crió en la tribu de los hurones. Y También en la forma de Hiawatha, quien provenía de la tribu de los Onondagas. Ambos, grandes Seres de Luz, recorrieron incansablemente por años las distintas tribus iroquesas, sembrando las semillas de la paz y la concordia, en tiempos en que las vibraciones de la violencia y la crueldad de los comportamientos belicosos, asolaban a las tribus de los grandes lagos de las regiones del norte del sub continente americano
 
De seguro no habrá sido una labor nada de fácil, ya que las rencillas, los ataques, las disputas y todas sus fatales consecuencias y secuelas llenaban los corazones de odio, desavenencias y sed de venganza. Eran tiempos en que se habían degradado mucho las antiguas costumbres de los buenos hábitos, producto de las conductas pacíficas, así como la sabiduría que había perdurado por incontables generaciones en los siglos precedentes en los pueblos que habitaban la región.
 
La mala hierba de las tendencias negativas se había expandido en todas las direcciones. Tomando las maléficas formas del egoísmo, la arrogancia, la mentira, la violencia destemplada, y en general de todos aquellos comportamientos diabólicos que han ensombrecido desde tiempos remotos los progresos y los avances de las sociedades humanas.
 
Pero ambos, tanto Deganawida, como Hiawatha, eran Seres muy especiales, dotados de gran sabiduría, oratoria, y paciencia infinita; además de tremenda fe en los dictados propios del Gran Espíritu. Paulatinamente fueron recorriendo las tribus, y aunando tanto los espíritus como  las voluntades. Logrando finalmente la gran convocatoria de las cinco naciones iroquesas: Mohawk, Oneidas, Onondagas, Cayugas y Senecas. Posteriormente se sumarían también a la confederación, la tribu de los Tuscaroras.
 
Y así fue como todo lo que empezó como sueño lejano, utópico y poco probable, se fue transformando en realidad. Finalmente, durante meses los mensajeros recorrieron las tribus invitando no solamente a  jefes y dirigentes, sino a todos aquellos que quisieran participar de tan magno acontecimiento. El cual tendría lugar, en las cercanías del sagrado lago Onondaga, en las estribaciones de las montañas de los que hoy conocemos como el estado de Nueva York.
 
El punto de reunión escogido, fueron los alrededores del pino mas alto y mas anciano que encontraron en la comarca. En los días previos a la luna llena que daba inicio a la temporada de otoño, llegaron desde todas las direcciones miles de viajeros de todas las edades, incluidos muchos niños, mujeres y ancianos, quienes no quisieron perderse la auspiciosa ocasión. En las noches, las fogatas se multiplicaban como la luz de las estrellas y durante el día se podía sentir la fragancia del entusiasmo, la esperanza y la armoniosa hermandad que se respiraba alrededor de los tipis. 
 
Las pequeñas aves cantaban dulcemente, al igual que los ríos y los arroyos. Los animales danzaban en alegría y contento, y las nubes hablaban en su misterioso lenguaje, acerca de los magnos acontecimientos que estaban por ocurrir. Así también, el mágico y reverente vuelo de los cuervos, los halcones y las águilas, daban a entender el consentimiento del cielo, las altas esferas y las tribus aladas.
 
Luego de observar tres días de riguroso silencio para purificar cuerpos, mentes y espíritus, Hiawatha, habló solemnemente ante la expectante asamblea de las cinco naciones. Habló acerca de la necesidad y la importancia de arrancar de raíz el árbol de la guerra, que tan profundamente había afectado a las generaciones recientes. Levantando su mano, simbólicamente les mostró cuan diferente era cuando los cinco dedos de la mano trabajaban en consonancia, colaboración y armonía, y de todo la inmensa fuerza que residía en el poder de la unidad. Invitó a los líderes de las cinco naciones a convertirse en la mano del Gran Espíritu, y a desterrar de sus pueblos los nefastos hábitos de la violencia. No tan solo de sus pueblos, sino también de todos aquellos pueblos que serían influenciados en en futuro, y en las generaciones venideras. 
 
Luego pidió a todos los presentes que se unieran, y utilizando solamente las manos cavaran una profunda fosa en torno de las raíces del gran árbol. No sin antes solicitar respetuosamente al espíritu del árbol, su sacrificio, en beneficio de los principios y las semillas que sus palabras estaban sembrando en el corazón de todos los presentes. Y así fue que las manos de todos se encontraron trabajando y entrelazándose, hasta que finalmente, luego de exhalar el último suspiro, el inmenso pino se desvaneció y cayó al suelo con gran estruendo. Dejando ver una gran cavidad, la que permitía ver las corrientes subterráneas del infra mundo, dominio de las bajas pasiones, los comportamientos belicosos y las conductas erróneas.
 
 En aquel momento solicitó a los jefes que arrojaran dentro de la cavidad, todas las armas que alguna vez hubieran sido usadas para derramar sangre humana o que hubieran sido utilizadas en la guerra. Sucesivamente todos los guerreros fueron siguiendo el ejemplo de sus jefes, hasta llenar la abertura con todas aquellas armas que nunca mas se usarían para dañar a otros seres humanos. 
 
Al día siguiente se tapó el agujero con tierra fértil, y en el pequeño promontorio sobre el mismo, Hiawatha volvió a tomar la palabra. Esta vez se refirió a la importancia simbólica de la ocasión, ya que junto a las armas enterradas, también habían sido enterrados los conflictos, la desconfianza y todo el sufrimiento impreso en la violencia de las conductas y los comportamientos agresivos y violentos. 
 
En el mismo lugar sugirió plantar un nuevo árbol, el cual simbolizaría la los importantes y trascendentes acuerdos de Paz y el Entendimiento logrados en la histórica convocatoria; escogiendo para ello un joven y hermoso pino blanco. Señalándoles a los presentes que observaran como las hojas de un  árbol, en su gran sabiduría, jamás se dañaban o se agredían a si mismas y siempre en forma natural trabajaban buscando el beneficio mutuo. Aquel árbol, era una fiel representación de la importancia de la Paz y el Entendimiento, como condición básica y necesaria para el florecimiento, el progreso y el desarrollo sano de cualquier sociedad humana.
 
Habló con mucha sabiduría acerca de nuevos acontecimientos por venir, acerca de un nuevo tiempo en que serían visitados por hombres blancos que vendrían de islas lejanas. Junto a ellos también llegarían hombres fuertes de raza negra, y posteriormente aún los de raza amarilla. Además les habló de una larga noche oscura, similar a la hora mas oscura que antecede al amanecer de un nuevo día, en que las cosas empeorarían mucho, antes de que hubiesen de regresar tiempos mejores y favorables.
 
Pero también les habló de esperanza y renacimiento, de un nuevo ciclo en que las razas se fundirían en el arco iris, y los hombres finalmente comprenderían y recordarían su origen divino. Así como de lo sagrado de todas las formas de vida en las diferentes dimensiones y esferas que evolucionan en la madre tierra. De la hermandad original de los hombres, los animales, la aves, los ríos, los valles, los cristales, las rocas y las montañas. De la importancia de observar respeto por los mayores, los sabios y los abuelos, y de nunca dejar de recordar y sentir el eco de la voz interna, que vibra en lo mas profundo del corazón de todos los seres humanos.
 
Al pasar el tiempo, la influencia de la confederación de las cinco naciones se expandió mucho por todo el territorio norteamericano. Tanto en las llanuras y las praderas, como en las montañas y los bosques, fueron muchos los pueblos y las tribus que siguieron su ejemplo. Erradicando las costumbres violentas y sus raíces, sanando sus viejas heridas, recordando sus antiguas tradiciones, y reconociendo la unidad y el origen primordial de todos los seres, de todos los reinos, como hijos y herederos del Gran Espíritu. 
 
Este artículo en particular está centrado en el árbol de la Paz y el Entendimiento, el que es solo un aspecto, entre los amplios principios y los trascendentes  acuerdos alcanzados por la gran alianza. De hecho, muchos historiadores modernos consideran que parte de la inspiración y de las ideas de Tomas Jefferson en la redacción de las constitución de los Estados Unidos, fueron influenciados por los lineamientos y principios que nutrieron las grandes resoluciones logrados en tiempos de la instauración de la  gran confederación iroquesa.
 
En tiempos actuales, la Paz parece una quimera, y la violencia arrecia en muchas formas y maneras que oscurecen y perturban la vida en las sociedades modernas, resulta penoso observar a los líderes que actualmente rigen los destinos de las naciones. Quienes cual lobos con piel de oveja, llenos de arrogancia, soberbia e ignorancia,  y nublados por oscuros y torcidos intereses egoístas, se muestran absolutamente incapaces de hacer frente a las diversas crisis que azotan al planeta. Manteniendo de paso, a parte importante de la humanidad sumida en el miedo, la pobreza, el hambre y la inconsciencia.
 
En cualquier caso, finalmente los gobiernos son un fiel reflejo de la consciencia de quienes gobiernan. Por lo tanto, si queremos tener mejores gobiernos, necesariamente debemos aprender a gobernarnos de mejor manera a nosotros mismos, ya que eso tiene mucho poder e influencia en las sociedades a las que pertenecemos. Quiera Dios, que poco a poco la dormida humanidad pueda despertar del largo sueño de la inconsciencia, y finalmente se establezcan los precedentes para generar una nueva era de Paz, igualdad, progreso y prosperidad.
 
La única manera de traer Paz a la sociedad, es encontrarla primero en nuestro interior, y para eso necesariamente hemos de cultivar todas aquellas virtudes y cualidades que le son inherentes. Como la tolerancia, la generosidad, el respeto, la paciencia, el servicio desinteresado o la honestidad, y generar redes o frecuencias, por las que estas tendencias puedan circular libremente, e influenciar primero a la consciencia individual y luego por consiguiente a la consciencia colectiva.
 
Que el Gran espíritu nos pueda guiar con prudencia y sabiduría, por los caminos de la concordia, el entendimiento y finalmente, encontremos la Paz espiritual dentro de nuestros corazones.