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~ La Serenidad y La Paz Interior ~

 

Sin duda alguna, unos de los anhelos internos mas nobles y profundos de cualquier ser humano en cualquier tiempo, época o sociedad, es llegar experimentar la vida en Paz. Desde ese punto de vista se puede decir sin temor a equivocarse, que nada es mas importante para el el alma humana, que el encontrar la Paz dentro de su propio corazón. Sin embargo, si observamos la historia de la humanidad, veremos que solamente algunas pocas almas adelantadas, son las que lo han logrado este noble propósito en su máxima expresión. Ellos son los grandes maestros, los santos y los sabios. quienes precisamente nos han venido a mostrar con su ejemplo, su mensaje y sus elevadas enseñanzas la forma y el camino para lograr tan alto merecimiento. Jesús, Buda, Gandhi, Sai Baba o Vivekananda, entre otros, son claros ejemplos de este noble propósito y elevada verdad.

En este punto se hace muy importante aclarar  que se entiende exactamente por experimentar el profundo sentimiento de Serenidad o Paz interior. Ya que probablemente cada persona lo puede comprender en forma muy variada y diferente, todo esto de acuerdo a distintos factores sociales, culturales, religiosos, ideas preconcebidas,  idiosincracias, estructuras mentales o situaciones similares.

Desde el punto de vista espiritual, en forma simple la Paz podría definirse como un estado interno del Ser, en el que desaparecen por completo la dualidad y los conflictos internos, y entonces la mente se mantiene en perfecta Serenidad, sin que nada la perturbe, momento en el que individuo que la experimenta se hace Uno con la Divinidad. Si nos observamos a nosotros mismos con mucha atención y sinceridad, veremos que los estados de Paz que podamos haber experimentado en nuestras vidas, son muy fluctuantes y mas bien escasos. En forma análoga podremos ver, que los estados alterados y negativos asociados a la  intranquilidad y a la agitación mental, y que perturban  en forma constante nuestro sistema nervioso, son mucho mas frecuentes y permanentes. Ahí podemos ver una causa muy real y tangible de nuestra falta de Paz interna, ya que la intranquilidad es una fuente continua de descontento, frustración y desequilibrio, que además produce un incesante sentido de inseguridad.

Asimismo los miedos y los temores, independientemente de su procedencia o naturaleza, son factores emocionales y mentales que traen consigo mucha perturbación, desolación y trastorno. A tal punto que frecuentemente los encontraremos no solamente como fuentes o motivos de enajenamiento y esclavitud individual, sino que también como la raíz o el motivo oculto tras todo tipo de grandes conflictos, e incluso de terribles y desgarradoras guerras. Solo basta darle una mirada, a la historia de la humanidad.

Por otro lado, para comprender en forma correcta la ausencia de Paz, necesariamente debemos darle una mirada a su contraparte, es decir,  la violencia. Ya que en sentido inverso,  la violencia la podemos encontrar permanentemente mostrándonos sus tentáculos bajo múltiples y variadas formas. En cualquier  de las cuales, estas siempre tendrán su génesis en las tendencias mas densas y de baja vibración como el egoísmo, la brutalidad, la mezquindad, la injusticia, la tiranía o la intolerancia. Las cuales anidan y se escudan tras la fachada de la ignorancia espiritual, verdadera raíz de todos los males. 

En la vida moderna, tan llena de stress y parafernalia exterior, también podemos encontrar muchos factores que contribuyen en forma significativa a esta falta de Serenidad interna. Entre los cuales que cabe mencionar, el permanente bombardeo mediático de los medios de comunicación, entregándonos informaciones semi falsas, mañosamente manipuladas, las que generan olas energéticas de gran negatividad, que desde luego nos afectan profundamente, no solo a nivel consciente sino también en gran medida en el plano sub consciente. Lo mismo cabe para las enormes cantidades de publicidad, que nos tragamos diariamente, que por cierto,  en su gran mayoría es falsa, engañosa y tendenciosa, además de ser una fuente generadora de permanentes deseos sutiles inútiles e intrascendentes, lo que hace vagar  a la mente como un espectro tras vanas y estériles ilusiones.

El el plano individual, son múltiples los elementos que confluyen y conspiran permanentemente en contra de nuestros estados de Serenidad interna. Partiendo desde luego, por esa disposición tan arraigada  y nefasta de pasarnos el tiempo hablando y pensando negativamente acerca de los demás. Son pocas las personas que se dan cuenta del inmenso daño y perturbación que nos causamos los unos y los otros al actuar de esta forma tan miserable y desafortunada.

El mundo sensorial es la puerta de entrada de todo tipo de emociones y sentimientos que finalmente tendrán una gran repercusión en nuestro estado mental, y si no ejercemos un adecuado control sobre el tipo de energías que lo penetran e invaden, nuestra mente estará sin duda permanentemente agitada y en estado de gran descontrol. Desde ese punto de vista, mientras no observemos con atención, consciencia y claro discernimiento nuestras tendencias o inclinaciones negativas, tales como la mentira, la deshonestidad, el odio, el desprecio, la arbitrariedad, la vanidad, y otras tendencias similares que ensombrecen nuestro espíritu y nuestra alma,  y las podamos reconocer como la fuente de parte importante de nuestras ansiedades y angustias mentales, difícilmente podremos avanzar en el camino de la Paz y la Serenidad.

Pareciera que aún no son suficientes los sufrimientos, padecimientos y calamidades acumulados a  través de nuestra experiencia personal y colectiva, en infinidades de situaciones y formas que nos muestran una y otra vez, la irresponsabilidad con que hemos manejado nuestro libre albedrío. Lo que en la práctica significa que la especie humana en su contexto general, aún no es capaz de despertar del largo sueño de la ilusión, el error y la discordia.

En dicha dirección, sería aconsejable evitar y mejor aún erradicar, todas aquellas actitudes y comportamientos perjudiciales que afectan nuestro estado de calma interior, los que de hecho imposibilitan de manera incuestionable nuestra capacidad de experimentar el goce y la felicidad. Aquí cabe consignar la prácticas tan extendidas de la mentira, la difamación, la envidia, los celos, la ira, la truculencia, la arrogancia y por su puesto, la falta de fe. Las que finalmente son conductas tan propias de las vidas alejadas de los buenos hábitos y la moderación y tan cerca de todo tipo de vicios y conductas excesivas y perniciosas.

Naturalmente, el esfuerzo irrenunciable, la disciplina y la determinación que implica la meta de la Paz y la Serenidad, deben tener un lugar destacado en nuestras prioridades y comportamientos, si es que deseamos progresar y evolucionar en el mundo espiritual. Eso es algo que nadie puede hacer por nosotros, ya en última instancias cada cual traza su propio destino. Por lo tanto, necesariamente, de una u otra forma, debemos acometer las acciones que nos conduzcan en esa dirección, tales como por ejemplo, acercarnos con discernimiento, y sentido intuitivo a la lectura de textos sagrados e inspiradores,  cultivar una estrecha relación con nuestra con lo mas profundo de nuestro Ser o seguir el ejemplo y la guía de los grandes sabios, los santos y los verdaderos maestros.

El camino de la senda espiritual no es fácil para nadie, al contrario, es difícil de recorrer, está lleno de pruebas, arideces, penurias y laberintos. Pero a nadie le pueden caber dudas, de que las fuerzas o los poderes superiores, siempre estarán atentos a los progresos y los esfuerzos de cada cual; y a través de diferentes sincronías siempre pondrán a nuestra disposición las herramientas y los elementos que nos son adecuados para nuestro propio bien y nivel evolutivo. El avance paulatino y gradual de dicho proceso, inexorablemente nos llevará a experimentar mayores y progresivos adelantos en el goce de la Serenidad y la Paz interna, con todas las ventajas, alegrías, y la dicha de la expansión en la senda del sinuoso y mágico camino al Reino de los Cielos.

En estos tiempos de caos y desorden generalizado, el cultivar una sana y profunda relación con nuestra propia Divinidad no goza de mucha popularidad, y ciertamente, no son muchos son los optan por esta bendita senda del corazón. Ello resulta muy desafortunado, ya que es allí precisamente donde se encuentra la llave maestra y la clave esencial para llegar al magnífico y noble estado de la Serenidad y la Paz Interior.

 

 

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