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~ El Misterioso Magnetismo de las Montañas ~

 

Desde siempre, las montañas, sus entornos, y especialmente sus altas cumbres han ejercido una gran fascinación en las sociedades humanas de todas las épocas. Ya desde tiempos muy remotos, el hombre del mundo antiguo estableció diferentes formas de estrecha relación espiritual y mística con el poder mágico y misterioso que emana de las entrañas de las montañas. Naturalmente su sugerente y magnificente belleza, ya constituyen una verdad insoslayable acerca del magnetismo y atracción que ejercen las montañas por el solo hecho de contemplarlas. Bien saben de esto aquellos que practican alguna forma de montañismo o simplemente quienes disfrutan de su cercanía, caminando bajo su influjo, belleza natural y mágico entorno.

Para las antiguas culturas del mundo andino en Sudamérica, las montañas formaban parte inseparable de sus costumbres, modos de vidas y tradiciones. Aún hoy en día se mantienen vigentes ciertos peregrinajes en determinadas fechas del año, hacia algunas de sus montañas mas reverenciadas tales como el sagrado Apu Ausangate. Así mismo, muchos de los ceremoniales mas importantes del mundo andino siempre han sido realizados en las asombrosas alturas de las montañas; a las que con distintos propósitos se les ofrendan pagos, en honor y gratitud a los dioses, ala madre Pachamama o a los espíritus tutelares de los Apus; los poderosos moradores y custodios de las fuerzas sobrenaturales que ahí residen. Tales rituales son concebidos como parte de un sistema de reciprocidad entre el mundo material y el mundo espiritual. A nadie que pertenezca a las culturas del mundo andino, le caben dudas respecto del poder inmanente y maravilloso que emana en forma natural y permanente de las montañas.
 

En los Himalayas, la cadena montañosa con los hitos de mayores alturas del planeta, el respeto y la reverencia con que se venera a las montañas es también un claro ejemplo de esta sublime verdad. De hecho, la tradición Védica está muy ligada al culto y la veneración a dicha sagrada cadena montañosa. No en vano, es el lugar que han escogido miles y miles de santos, sabios y rishis de todos los tiempos, para desarrollar sus intensas prácticas espirituales, cuyas sutiles y poderosas vibraciones saturan de pureza, Amor Divino y bendición todos sus entornos. El mismísimo río Ganges, símbolo de purificación y devoción  espiritual en la filosofía hindú, emerge puro y cristalino desde sus elevadas cumbres, donde se dice que mora el mismo Señor Shiva. El monte Arunachala, en el sur de la India, es otro claro ejemplo de esta realidad, lugar que por milenios a recibido peregrinaciones de sedientos buscadores espirituales, desde los rincones mas apartados de la  India, y también de otros confines del planeta.

En el caso de los pueblos nativo americanos encontraremos lo mismo. Era muy común la práctica del silencio, la austeridad y la oración en la cima de las montañas entre todos aquellos que buscaban el progreso y el desarrollo espiritual. Simbólicamente se puede afirmar que allí el cielo está mas cerca y el encuentro con el mundo de los espíritus y las fuerzas sobrenaturales es mas fácil de realizar. Para cualquiera que hubiera nacido en dichas culturas, le era muy natural el conocimiento de que las montañas son grandes centros de poder. Conocimientos que les eran revelados ya en su tierna infancia, de manos de los abuelos y los sabios. Si bien eran muchas las montañas con tales características, a modo de ejemplo, podemos mencionar a Mount Shasta, en California  o Manitou, en Colorado, ambas pertenecientes a la cadena montañosa de las rocallosas.

Desde el punto de vista metafísico, se puede decir que las montañas actúan como faros, a la vez que como antenas energéticas, ya que actúan como receptores y transmisores a la vez, de las energías cósmicas y las energías telúricas. Son el punto de convergencia entre el mundo de arriba y el mundo de abajo. Por lo tanto ahí radica parte del secreto del poder invisible y misterioso que inter actúa conectando los diversos planos y dimensiones que confluyen en la vida en el planeta.

Cualquier creación que podamos imaginar, de cualquier naturaleza, finalmente proviene del mismo origen, el origen Divino. Esto significa que todo en el cosmos está unido por un sutil lazo, el lazo Divino. Y ese lazo invisible sutil y poderoso a la vez, que une a la tierra con el cosmos y se expande en todas las direcciones, tiene su punto de fusión y convergencia en la cima de las montañas. Muchas de las cuales además constituyen verdaderos portales dimensionales que comunican y entrelazan los reinos etéricos y los reinos  de los planos intra terrenos. Ahí hay un mundo y una realidad fascinante, que supera ampliamente la imaginación y el entendimiento del hombre moderno. Algún día se ha de descorrer el velo.

Dicha realidad se puede ver en el fenómeno de las pirámides, las que surgieron en diferentes tiempos, en culturas muy diversas entre si,  tanto en su naturaleza, creencias, épocas de florecimiento y logros específicos. Las pirámides siempre fueron erigidas en lugares muy especiales y definidos, emulando la cima de las montañas, y en perfecta alineación con la geometría sagrada y los puntos energéticos que circundan e inter conectan la matriz energética del planeta; por donde fluyen las energías que nutren, vitalizan y sostienen todas las formas de vida.

Por lo general en el mundo shamánico, también encontramos mucha coincidencia en torno al magnetismo y el inmenso poder oculto que se esconde tras el velo de misterio que rodea a las montañas. De manera que también los shamanes desde siempre han buscado la alianza con las fuerzas y los poderes de las  montañas, tanto para captar sus potentes radiaciones curativas, elevar su estado de consciencia, mejorar la percepción intuitiva o lograr determinados poderes. Como así mismo, también para recuperar las energías producto de la intensidad y el desgaste de sus trabajos. 

En la Madre Tierra, personalizada bajo la forma de la Madre Naturaleza, todo está sincronizado, y funciona en perfecta armonía y unidad. En la cima de las montañas, emergen las aguas que dan origen a los ríos, los que en sus recorridos bañan los valles, nutren y reverdecen las tierras, generan innumerables formas de vida, para luego llegar al mar, y nuevamente empezar en el interminable proceso de creación, sostenimiento y transformación. Proveniente del éter, los  cuatro elementos se mezclan y se combinan en distintas proporciones, dando vida a la diversidad, permitiendo la evolución y el ascenso de todas las formas de vida.

Como civilización moderna y todo lo que ello involucra, con estilos de vida muy artificiales, extremadamente racionales y desconectados de nuestro Ser, gradualmente hemos ido perdiendo nuestras facultades y potencialidades. Actualmente, muy poca gente se reconoce como un hijo de Dios. Si olvidamos nuestro origen y nuestra semilla, descuidamos el fruto, y entonces la vida se transforma en una lucha permanente, llena de ansiedad, sufrimientos  y descontrol.

Cualquier persona se puede ver muy beneficiada al acercarse con respeto y reverencia a la energía de las montañas, siempre habrán respuestas, nuevos desafíos y mayor entendimiento y comprensión. La suave brisa de los valles, la belleza de las quebradas, el canto de los arroyos y las cascadas, el secreto de las nubes arreboladas o el vuelo de las aves, son algunos de los regalos que nos entrega el eco de las montañas.

En el plano interno, dicho contacto nos trae estados de paz interior, tranquilidad mental, promueve la reflexión profunda y nos inspira a los procesos de la  contemplación y la meditación; todo lo cual, finalmente nos hace mejores seres humanos. El eco y la alta vibración de las montañas, es como el latido de nuestros corazones, lleno de vida, conocimiento profundo, sabiduría  y entusiasta vitalidad.

 

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