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~ El Misterio de la Vida y la Muerte ~

 

Existe una gran diferencia entre el concepto y los alcances metafísicos o filosóficos acerca del proceso o fenómeno de  la muerte, que se tiene tanto en la cultura occidental, como en la cultura hindú; y en general en el mundo de ascendencia oriental. Mientras en el primer caso, se considera a la muerte como la pérdida o el abandono de la vida, en el segundo se le considera tan solo como el proceso de transformación producido por el abandono del cuerpo físico; ya que en dicha concepción la vida en si misma se encuentra sustentada bajo el principio de la inmortalidad del Alma. Por lo tanto, en dicha concepción la vida continúa, solo que en una forma diferente. Para comprender esta diferencia abismal entre estas dos diferentes miradas, conviene observar la historia que a envuelto el desarrollo y el florecimiento de ambas culturas. 

La cultura moderna occidental ha sido fuertemente determinada en términos espirituales, por la influencia de las iglesias derivadas del cristianismo. En este punto es muy importante recordar que la iglesia cristiana se gestó varios siglos luego del advenimiento en la tierra del maestro Jesús, quien poco y nada tuvo que ver con su fundación, ni menos aún, con su deplorable historia posterior. Aún cuando dicha iglesia se sustenta fundamentalmente en la figura espiritual y la vida de Jesús descrita en los cuatro evangelios considerados como oficiales; y digo oficiales, ya que no son los únicos. Es necesario recordar que en el curso de la historia, los evangelios en su versión original, han sufrido muchas  transformaciones, interpretaciones y turbias manipulaciones por parte de determinados intereses y sombríos poderes ocultos, que han acompañado desde siempre los estrechos y limitados muros del dogma oficial cristiano.   

En tiempos del maestro Jesús, la vida era muy violenta y extremadamente cruel, lo que claramente nos da a entender el tipo de espiritualidad que se vivía en la época, agonía que desde luego venía de mucho antes. Lo mismo ocurría en los pueblos que habitaban en aquellos tiempos las tierras de Europa, tierras en que luego proliferaría dicho pensamiento, antes de extenderse al continente americano. De hecho, en dichos pueblos la barbaridad, la injusticia, la infamia, la violencia extremada y las invasiones e interminables guerras se sucedían continuamente desde tiempos inmemoriales, situación que desafortunadamente no ha cambiado mucho hoy en día. Y donde además, aún podemos ver que  la intolerancia, la soberbia y la ignorancia espiritual, siguen siendo una sombra tenebrosa que cubre el pensamiento religioso oficial, respecto de otros credos o movimientos espirituales.

No hay que ser demasiado inteligente, para darse cuenta de que la formación y el discernimiento espiritual que poseen las personas que conforman las élites del movimiento espiritual cristiano en sus diferentes manifestaciones, están lejanas de una comprensión medianamente elevada de las leyes espirituales que rigen los destinos del hombre y el universo. Por lo tanto, y con mucho respeto, se puede decir que metafóricamente, son como ciegos guiando a un rebaño de ciegos. Esto es algo que hay que considerar con mucha detención, ya que el pensamiento oficial imperante, ha sido moldeado por estas este tipo de jerarquías, y desde luego, tiene una influencia muy profunda y arraigada tanto en la conciencia colectiva, como en el subconsciente individual.

Por el contrario, en India, la situación ha sido extremadamente diferente, ya que dicha nación a pesar de haber sido invadida muchas veces por otras naciones o imperios en su larga y sagrada historia, jamás a invadido o puesto un pie fuera de sus fronteras para ejercer dominio sobre otra nación. Las batallas y  los conflictos bélicos que han ocurrido en dicha tierra bendita, tienen muchos mas que ver con los distintos pueblos que la han invadido en diferentes épocas y sus torcidos y malévolos intereses, que con las intenciones o propósitos de su población natal.

En cuanto a espiritualidad, desde tiempos inmemoriales sus sagradas escrituras han sido imbuidas y nutridas por el alto y refinado conocimiento y la sabiduría de miles y miles de sabios, santos, rishis y seres altamente iluminados, quienes han forjado e inspirado las raíces y los fundamentos inmortales de la sagrada nación hindú. Donde en forma pacífica y tolerante han convivido sin problemas decenas de creencias, credos y formas diferentes de comprensión espiritual, que a pesar de sus diferencias, convergen en un punto fundamental: que es la Inmortalidad del Alma.

A diferencia del paradigma lineal de principio y fin predominante en el pensamiento occidental, en la mirada oriental el proceso de la vida y la muerte, mas bien es circular, donde los extremos se tocan, en un proceso constante de avance o retroceso, según los méritos o deméritos de cada alma en particular.  De acuerdo a dicho punto de vista, la vida y la muerte constituyen una sucesión de períodos y procesos de transición sucesivos de aprendizaje y graduación,  que de acuerdo a la Ley del Karma, eventualmente culminarán el gran día que logremos la Iluminación o Realización del Ser. 

El tema de la vida y de la muerte está íntimamente relacionado, y las convicciones o creencias que tengamos acerca de ello, tendrán impactos e implicancias directas en el transcurso, desarrollo y la conclusión de la vida de cualquier ser humano. En este punto es muy importante dejarse guiar por el Ser Superior que mora en el espíritu de cada cual, y confrontarlo con las dudosas convicciones y formalidades provenientes del pensamiento racional oficial. Por lo tanto, abrir la mente y dejar de lado los arcaicos convencionalismos sociales respecto de dicho tema tan importante y trascendente, y negar lo que al respecto enseñan otras tradiciones mucho mas sabias, sanas y tolerantes, es un buen camino para entender en forma correcta el tema relevante y sustancial de la Vida y la Muerte. Finalmente, quien es capaz de lograr resolver el misterio enigmático de la muerte, da un paso muy importante en cuanto a lograr una vida mas plena, iluminada, satisfactoria y trascendente.

 

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