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~ Caminando Hacia la Luz ~

 

Dentro de la personalidad humana siempre nos encontraremos el constante desafío de la lucha permanente, entre las fuerza de la Luz y las fuerzas de la oscuridad. Así deberá ser, mientras vivamos en el mundo de la dualidad.

Cuando predominan las primeras, nos hacemos dóciles y humildes, y con sencillez y sinceridad podemos reconocer lo poco que sabemos, así como también, el largo camino que aún hemos de recorrer. 

Ahí es entonces, que confluyen y se desarrollan con espontaneidad las virtudes y los atributos propios del Ser Superior, tales como la compasión, el amor desinteresado, la generosidad, la benevolencia o el altruismo.

Ese es el seguro y largo camino de la puerta estrecha, la que finalmente nos conduce hacia la Realización del Ser, también llamada en la tradición cristiana, el Reino de los Cielos.

En el segundo caso nos hacemos arrogantes y altaneros, y por lo tanto, estamos muy contentos y orgullosos de lo mucho que sabemos. Bajo tales condiciones, encontramos el campo fértil para el desarrollo de las tendencias e inclinaciones perversas y demoníacas, que moran en forma latente en la sub consciencia del ser inferior.

Aquellas se manifiestan en la forma de los comportamientos y las actitudes negativas, tales como la intolerancia, el egoísmo, la vanidad, la envidia, los celos, la violencia o la ira.

Tal camino indefectiblemente nos conducirá a los estrechos callejones de la ignorancia espiritual, la ruina moral y la esclavitud de las bajas pasiones.

En este punto resulta importante actuar con inteligencia, ya que por cierto, la fuerzas oscuras cumplen un rol fundamental en el Plan Divino. Ya que el enfrentarnos a ellas, y eventualmente superarlas, es lo que finalmente nos lleva a trascenderlas y a buscar la Luz del Ser Esencial.

Para llegar a la Luz, necesariamente debemos antes purificarnos a través del lento proceso denominado la noche oscura del Alma.

 Mediante el cual, primeramente debemos en forma gradual ir suprimiendo los malos hábitos y las conductas perniciosas, luego estas deben ser substituidas por las virtudes o atributos divinos, para finalmente llegar a sublimarlas, y de este modo, limpiar y borrar las semillas e impresiones subconscientes, donde estas tienen su raíz y su origen.

Es responsabilidad de cada cual el lugar que ocupe en el firmamento de su Alma. Ya que últimamente, son nuestras palabras, pensamientos y acciones, las que trazan, diseñan y escriben nuestro propio destino.

 

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